Él pensaba que había vivido todo. Guardaba bajo llave el manual de la vida, ese que le decía como actuar en cada momento, a quién escuchar, como tratar a la gente...
Pasaban los días y de forma sistemática respondía ante lo que se presentaba ante él, sin darle vueltas a nada, siguiendo el estricto guión que había creado con el fin de facilitar y simplificar todo. Respuestas abstractas ante preguntas complejas y poco interés en intentar entender lo que de ese listado se desviaba. Y como todos nos imaginamos al verle, llego el día en el que algo se salío de su sitio. Sus respuestas no eran válidas en esa situación, no le servía la repetición sucesiva que hasta ahora había guiado su vida.
Que no hay pautas marcadas ni sólo pasa un tren en tu vida. De los errores, sí, de ellos podemos sacar mucho más que de todos los aciertos de los cuales no enorgullecemos. Nadie nos puede enseñar cómo vivir; de nada vale engañarnos, criticar cosas que luego hacemos. ¿Quieres no decepcionarte con nada?. Deja de esperar que actúen para favorecerte a ti. Muchos lo harán, pero no olvides que el altruísmo espontáneo no existe. Deja de fallar a quien te cuida y de mimar a quien no para que te mime. ¿Qué objetivo tiene eso?. Y si ves a esa persona, no te acuerdes de lo que no vale la pena recordar, pero sí de lo que fácilmente se olvida y no se debería olvidar.
Y ahora, ¿dónde guardas las lecciones que me dabas sobre cómo debía actuar, hablar, reír, cantar, soñar...?. La moneda que antes dejaba a la luz la brillante cara ahora muestra una brillante cruz.
Vida, incertidumbre y vueltas, muchas vueltas. Un plato al que no estoy dispuesta a renunciar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario