Me gustaría parar el reloj, volviendo sus manecillas a la posición inicial, marcando la hora del tiempo que nunca ha pasado pero que creímos rebasar. Olvidemos la fecha y el lugar, el sonido de los coches al pasar y esa sensación de estar atrapados siempre en el mismo sitio. Quememos los recuerdos de lo que hicimos, los propositos de lo que quisimos hacer y los sueños que nunca haremos.
Un bombardeo que resuena y vibra en mi cabeza. Sensación del tiempo que corre aprisa, sin detenerse, dictado por el monótono compás del rígido segundero. Perdemos el aire intentando respirar entre el contaminado humo negro que nos rodea... Pasos que no se dirigen a ninguna parte, moviendose sin parar, siguiendo un camino difuso del cual nadie sabe cuál es el final. Almas que se aferran a lo que creen ser y nunca fueron, que siguen girando con o sin voluntad pegadas al imparable rodar de esas manecillas. No se puede vivir completamente a oscuras, perdidos en el miedo a la incomprensión y la incertidumbre que la vida nos ofrece.
Enciéndelo tú, no permitas que consuma tu cabeza, no te sientas solo en este mundo en el que todos somos tan iguales y tan distintos. Avanza aceptando los brazos que te tiendan la mano e ignorando los que no lo hagan, y recorre la vida que no deja de girar con la gente que enciende la luz cuando vas a pasar.

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